Analfabetismo emocional

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“Cuando escuchas con empatía a otra persona, le das a esa persona aire psicológico”.

Stephen R. Covey

Fué en el imprescindible libro “Inteligencia emocional” de Daniel Goleman donde descubrí por vez primera la expresión “analfabetismo emocional”.

El analfabetismo emocional hace alusión a la incapacidad para moverse, sentirse cómodos y ser dueños de las emociones. El analfabetismo emocional señala la carencia de desarrollo de las habilidades emocionales más básicas: RECONOCER, ACEPTAR, GESTIONAR, EXPRESAR Y CREAR emociones.

  • Reconocer las emociones: darme cuenta de lo que siento, de las emociones que tengo y que aparecen en mi universo interior.
  • Aceptar las emociones: darme cuenta, no negar que “esto es lo que siento” sea lo que sea y darme cuenta de que eso me pertenece.
  • Gestionar las emociones: darme cuenta de que hay un espacio, un lapso, que me permite observar y decidir que deseo hacer con lo que siento.
  • Expresar las emociones: darme cuenta de que una vez decidido tengo libertad para manifestar esa emoción, que puedo elegir cómo expresarla.
  • Crear las emociones: darme cuenta de que es posible generar desde el interior las emociones que me faciliten la vida, tanto en lo personal, como en lo interpersonal y que esto afectará al entorno en que me muevo y por tanto al mundo.

Los síntomas de analfabetismo emocional son múltiples y su coste enorme. Algunos de dichos síntomas son los siguientes:

  • Incapacidad para entender y manejar las propias emociones.
  • Dificultad para comprender las de los demás.
  • Esa falta de autoconciencia emocional los sitúa a menudo en terrenos muy sensibles. Reaccionan de forma desmedida ante cualquier problema, se sienten agobiados y superados ante cualquier dificultad, sea pequeña o grande.
  • No empatizan, son incapaces de situarse en la mirada ajena, de comprender realidades diferentes a la suya.
  • Sus habilidades sociales son muy rígidas y aunque en ocasiones pueden desenvolverse, les falta sensibilidad, asertividad y esa cercanía auténtica con la que crear lazos significativos y no solo relaciones motivadas por el interés personal.
  • Por otro lado, los costes del analfabetismo emocional pueden ser enormes: pensamiento polarizado, represión, racismo o sexismo, narcisismo, necesidad obsesiva por tener la razón…

Es urgente la necesidad que tenemos de alfabetización emocional. Son muchas las personas que sufren analfabetismo emocional. Son hábiles en el dominio de múltiples competencias, disponen de un sinfín de títulos y maestrías, pero hacen la misma gestión emocional que un niño de tres años. Es necesario que comprendamos que es posible la educación y el entrenamiento de habilidades emocionales que nos hagan más capaces y creativos en el arte de ser felices.

Terminando…

La mayoría de nosotros sabemos cuáles son los principios de una buena salud física, a saber: una alimentación equilibrada y lo más natural posible, algo de ejercicio, dormir cada noche entre 7 y 9 horas y realizar revisiones médicas periódicas para asegurarnos que todo va bien.

Sin embargo, si hay algo que descuidamos casi de forma alarmante es eso que se contiene entre nuestros oídos: el cerebro. Ahora bien, no nos referimos a ese conjunto de células nerviosas, estructuras y circunvoluciones. 

Hay que centrar la atención en los indicadores de nuestra salud emocional, es decir, en esa capacidad para sentir la vida y nuestras relaciones, en el estado de esa facultad para entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos…

El término «analfabetismo» tiene una connotación negativa. Sin embargo, no podemos llamar de otro modo a una realidad psicosocial más que evidente.

Una buena “alfabetización emocional” nos dota de grandes beneficios. Así, algo que aprenderemos en primer lugar es que cada emoción tiene su espacio y su utilidad, que diferenciar entre emociones «negativas» y «positivas» no siempre es acertado, porque en realidad, esos estados que a menudo tanto evitamos sentir como es la tristeza o la decepción, tienen sus espacios de conocimiento, su utilidad y su valioso significado.

De las emociones por tanto no se huye, se encaran para saber qué quieren decirnos. Es un modo sensacional de autoconocimiento que nos dota de fortalezas, que ofrece a nuestra mirada un prisma más amplio… a la vez que flexible. 

Por tanto, no apartemos o despreciemos la necesidad de estar «al día» en materia de emociones. Atendamos a esos mundos interiores donde saber reconocer, aceptar, gestionar y expresar y crear esos sentimientos para que fluyan siempre a nuestro favor y no en nuestra contra…

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