Mi experiencia como ilustradora de un libro para otra persona

0
(0)

«La creatividad requiere coraje.»

— Henri Matisse

Hay propuestas que llegas a recibir en la vida que no te esperabas. Propuestas que te pillan con la guardia bajada y que, antes de que tu cabeza tenga tiempo de procesar nada, tu corazón ya ha respondido. Esto fue exactamente lo que me pasó cuando Domingo Gaitero me preguntó si quería ilustrar su libro.

Llevo tiempo admirando a Domingo. Es de esas personas que cuando hablan, escuchas. Que tienen algo que decir y lo dicen con una honestidad que no abunda. De hecho, desde Agile Spain tuve la oportunidad de hacerle un podcast que guardo con mucho cariño, y que si no has visto todavía, te recomiendo que le eches un rato. Ahí ya se ve bien quién es Domingo y cómo piensa.

Así que cuando me hizo la propuesta, dije que sí. Sin pensarlo. Porque cuando alguien a quien admiras y quieres te pide algo así, la respuesta sale sola.

Lo que vino después fue otra historia.

El libro y la persona detrás de él

Primero lo más importante: Estoy hasta las narices de dar explicaciones es el libro de Domingo Gaitero, y ya solo por el título sabes que no va a dejar a nadie indiferente.

Pero hay algo que hace este proyecto todavía más especial: todos los beneficios que genera van destinados a la fundación The Pink Force. Domingo no escribió este libro para él. Lo escribió para dar. Y eso dice mucho de quién es.

Domingo es una de esas personas que admiro profundamente. Alguien de quien me siento muy orgullosa, y que con este proyecto ha vuelto a demostrar por qué. La generosidad que hay detrás de esta iniciativa no es un detalle menor: es el alma del proyecto entero.

El sí que salió antes que el miedo

Cuando Domingo me lo propuso, dije que sí de manera inmediata. Así, sin filtros, sin condiciones, sin preguntar demasiado. Porque cuando alguien a quien quieres y admiras te propone algo, lo primero que sientes es el honor de que haya pensado en ti.

Y luego entró el miedo.

No soy ilustradora profesional. Nunca lo he sido. Dibujo, sí, lo disfruto, sí, pero hay una distancia enorme entre dibujar para una misma y dibujar para ilustrar el libro de otra persona. Empecé a darle vueltas: ¿y si no estaba a la altura? ¿Y si lo que yo podía ofrecer no era suficientemente bueno para lo que él necesitaba?

Pero entonces Domingo me dijo algo que lo cambió todo. Me dijo que no quería una ilustradora profesional. Que quería a alguien que transmitiera. Que lo hiciera con amor. Que quería que yo lo hiciera.

Y ahí el miedo empezó a transformarse en otra cosa.

Del carboncillo al orgullo

Para este proyecto aprendí a dibujar más en carboncillo. No porque alguien me lo pidiera expresamente, sino porque quería darle exactamente lo que él buscaba: algo con textura, con carácter, con alma. El carboncillo tiene esa cosa especial que otros materiales no tienen, esa imprecisión controlada que hace que cada trazo parezca vivo.

Me puse a practicar. A experimentar. A equivocarme y volver a intentarlo. Y en algún punto del proceso ocurrió algo que no me había esperado: me lo estaba pasando muy bien.

El miedo que había sentido al principio se fue disolviendo con cada dibujo. Lo que quedó en su lugar fue diversión, concentración, y algo parecido a la ilusión de cuando haces algo por primera vez pero sabes que lo estás haciendo bien. Dibujaba y pensaba en él. En lo que quería transmitir. En si este trazo o este encuadre capturaban lo que el texto pedía. Fue un proceso completamente distinto a todo lo que había hecho antes, precisamente porque no lo hacía para mí.

Y cuando Domingo iba viendo los resultados y le gustaban, cuando las personas de su alrededor también respondían bien, esa sensación se multiplicó. Hay algo muy particular en crear algo para otra persona y ver que lo recibe exactamente como querías que lo recibiera. Es una combinación de alivio, alegría y orgullo que no se parece a nada.

Terminando…

Me siento muy orgullosa y muy agradecida de haber formado parte de este proyecto. No solo por lo que aprendí en el proceso, que fue mucho, sino por lo que significó poder contribuir a algo que Domingo hizo con tanta generosidad y tanto propósito.

Y la guinda fue poder estar presente en sus dos presentaciones del libro. Verlo en directo, con el libro ya en las manos de la gente, fue uno de esos momentos que se quedan. Saber que mis ilustraciones estaban ahí dentro, que formaban parte de algo que ya existía en el mundo, lo hizo todo mucho más real.

Gracias, Domingo. Por pensar en mí. Por confiar en que podía hacerlo. Por pedirme que lo hiciera con amor y no con perfección técnica. Ese fue el mejor brief que me han dado nunca.

Y si estás leyendo esto y todavía no conoces el libro: ve a comprarlo. No pasará desapercibido. Y además, cada euro que inviertes en él va a la fundación The Pink Force. Pocas veces comprar un libro es, al mismo tiempo, leer algo que merece la pena y ayudar a algo que importa.

¡Feliz miércoles!

¿Cómo de útil ha sido esta publicación?

¡Haz clic en una estrella para calificarla!

Puntuación media 0 / 5. Recuento de votos: 0

No hay votos hasta ahora! Sé el primero en calificar esta publicación.

Cómo encontraste de útil esta publicación...

¡Sígueme en las redes sociales!

¡Lamento que esta publicación no te haya sido útil!

¡Permíteme mejorar esta publicación!

¿Cuéntame cómo puedo mejorar esta publicación?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.