“Si no puedes explicarlo de forma sencilla, es que no lo has entendido lo suficientemente bien.”
— Albert Einstein
Vivimos en una época curiosa: nunca habíamos tenido tantas herramientas para comunicarnos… y, al mismo tiempo, nunca había sido tan difícil entendernos. Correos largos que nadie termina de leer, reuniones que no llevan a decisiones claras, mensajes bien intencionados que generan confusión o malestar. En ese contexto, el método Clear – Concise – Concrete no es una moda ni una técnica “de postureo comunicativo”: es una vuelta a lo esencial.
Este enfoque parte de una idea muy simple, pero poderosa: si tu mensaje no se entiende, no existe. Da igual cuánta razón tengas, cuántos datos aportes o cuánta pasión pongas. Si el otro no lo capta con claridad, se pierde. Y aquí es donde entra este método de tres pilares.
1. Clear: claridad antes que brillantez
Ser clear no es ser básico, es ser responsable. La claridad implica que el mensaje se entiende a la primera, sin interpretaciones forzadas ni necesidad de “traducción posterior”.
¿Qué significa comunicar con claridad?
- Tener una idea principal (y no cinco mezcladas).
- Usar un lenguaje adaptado a quien escucha, no a quien habla.
- Evitar ambigüedades, eufemismos innecesarios o frases que “suenan bien” pero no dicen nada.
- Responder a la pregunta clave: ¿qué quiero que la otra persona entienda o haga después de escucharme?
Un error habitual en entornos profesionales, y muy especialmente en contextos ágiles, de liderazgo o de cambio, es confundir claridad con simplificación excesiva. No son lo mismo. Puedes explicar algo complejo con claridad si ordenas el mensaje, usas ejemplos adecuados y vas al grano.
Clave práctica: si no puedes resumir tu mensaje en una frase clara, probablemente aún no lo tienes claro tú.
2. Concise: menos palabras, más impacto
La concisión no va de hablar rápido ni de cortar ideas valiosas. Va de eliminar lo innecesario. En un mundo de agendas llenas y atención fragmentada, cada palabra cuenta.
¿Por qué cuesta tanto ser conciso?
- Porque queremos demostrar que sabemos mucho.
- Porque nos da miedo que falte contexto.
- Porque confundimos exhaustividad con calidad.
- Porque rellenamos silencios con palabras.
Sin embargo, los mensajes largos no suelen percibirse como más profundos, sino como más difíciles de procesar. Y cuando algo cuesta demasiado, el cerebro desconecta.
Ser conciso implica:
- Quitar repeticiones.
- Eliminar frases de relleno (“básicamente”, “de alguna manera”, “un poco”).
- Ir al punto antes de justificarlo.
- Priorizar lo esencial sobre lo accesorio.
Clave práctica: revisa cualquier mensaje importante y pregúntate: ¿qué pasaría si quito un 30% del texto? En la mayoría de los casos, mejora.
3. Concrete: de lo abstracto a lo accionable
Aquí es donde muchos mensajes se quedan cojos. Son claros y breves… pero demasiado abstractos. Lo concreto es lo que aterriza el mensaje en la realidad.
¿Qué hace que un mensaje sea concreto?
- Ejemplos reales.
- Datos específicos (cuando aportan valor).
- Acciones observables.
- Comportamientos claros.
No es lo mismo decir: “Necesitamos mejorar la comunicación del equipo” que decir: “En las dailies, solo hablan dos personas. Vamos a probar una ronda en la que cada miembro tenga 30 segundos para aportar.”
Lo concreto reduce la interpretación subjetiva y aumenta la probabilidad de acción. Además, genera una sensación de seguridad: la gente sabe qué se espera de ella.
Clave práctica: si tu mensaje no se puede traducir en una acción observable, todavía es demasiado abstracto.
El poder del método cuando se combinan los tres
Cada pilar por separado ayuda, pero la magia ocurre cuando se combinan:
- Clear sin concise → mensajes largos que se entienden… pero cansan.
- Concise sin clear → frases cortas que generan confusión.
- Clear y concise sin concrete → buenas intenciones sin impacto real.
El equilibrio entre los tres convierte un mensaje en algo:
- Fácil de entender.
- Rápido de procesar.
- Útil para actuar.
Y eso es oro puro en contextos de liderazgo, coaching, facilitación, agilidad, feedback o gestión del cambio.
Aplicaciones prácticas en el día a día
Este método no es teórico. Se puede aplicar en situaciones muy concretas:
Reuniones
- Empieza diciendo para qué es la reunión.
- Expón los puntos clave sin rodeos.
- Cierra siempre con decisiones o próximos pasos claros.
Feedback
- Describe el comportamiento (concreto).
- Explica el impacto (claro).
- Propón una mejora específica (accionable).
Comunicación escrita (emails, Slack, documentos)
- Una idea por mensaje.
- Párrafos cortos.
- Ejemplos cuando haya riesgo de malentendido.
Liderazgo y cambio
- Menos discursos inspiracionales vacíos.
- Más mensajes claros sobre qué cambia, por qué y qué se espera ahora.
Un apunte importante: claridad no es dureza
A veces se confunde comunicar claro y conciso con ser frío o poco empático. No tiene por qué. De hecho, la claridad suele ser una forma de respeto. Evitar rodeos innecesarios ahorra tiempo, reduce ansiedad y previene conflictos.
Puedes ser humano, cercano y emocionalmente inteligente sin perder claridad. El método Clear – Concise – Concrete no elimina la empatía; elimina el ruido.
Terminando…
Comunicar bien no es hablar más, ni usar palabras más complejas. Es hacer fácil lo importante. En un entorno saturado de mensajes, quien comunica con claridad, concisión y concreción no solo se entiende mejor: genera confianza, foco y acción.
Quizá la próxima vez que vayas a escribir un email, dar feedback o liderar una conversación difícil, no necesites una técnica nueva ni una herramienta más. Tal vez solo necesites hacerte tres preguntas simples:
- ¿Está claro?
- ¿Es conciso?
- ¿Es concreto?
Si la respuesta es sí a las tres… vas por muy buen camino

¡Feliz miércoles!
