“No se trata de llegar rápido, sino de llegar habiendo crecido.”
María Morales
Nunca he sido especialmente fan de cerrar los años con balances fríos. Las cifras dicen poco cuando lo que realmente importa es quién eres ahora comparado con quién eras hace doce meses. Otros años he usado la rueda de la vida, secciones, áreas, colores… pero este 2025 pedía otra cosa. Pedía pausa. Pedía mirada larga. Pedía reconocimiento.
Así que esta retrospectiva no va de áreas, va de logros. No de los que se celebran con fuegos artificiales, sino de esos que, cuando miras atrás, te das cuenta de que te han cambiado por dentro.
Entrar en Agile Spain (y entrar de verdad)
El año empezó fuerte. En enero me uní a la junta directiva de Agile Spain. Dicho así suena formal, incluso elegante. La realidad fue mucho más intensa, mucho más humana… y mucho más transformadora.
Entrar en una junta directiva no es solo asumir un rol. Es asumir responsabilidad. Es aprender cosas que no estaban en tu radar. Es enfrentarte a conversaciones incómodas, a decisiones que no tienen respuesta perfecta, a números que ya no son “teóricos”.
Este año he aprendido de finanzas, de marketing, de organización de eventos, de coordinación, de gestión del tiempo cuando el tiempo no existe. He aprendido lo que significa sostener una asociación desde dentro, con todo lo bueno y todo lo complejo que eso implica.
Y también he hecho cosas que jamás había hecho antes:
- participar en podcasts por primera vez,
- colaborar en la organización de eventos,
- dar alguna charla,
- y, probablemente una de las experiencias más bonitas del año, colaborar con The Pink Force.
Trabajar con The Pink Force no fue “una colaboración más”. Fue un recordatorio brutal de por qué hacemos comunidad, de por qué el impacto importa, de cómo la tecnología y las personas pueden unirse para algo que te llena el alma de verdad. De esas experiencias que no se olvidan.



El año en el que me moví más que nunca
Si tuviera que definir 2025 con una palabra, una de ellas sería movimiento. Ha sido, sin duda, el año que más he viajado. No por huir, sino por vivir.
- Oporto (enero), empezando el año con aire nuevo.
- París (marzo), con esa mezcla de vértigo y belleza que siempre tiene.
- Valencia (junio), luz, calor y encuentros.
- Escocia (septiembre), probablemente uno de los viajes más especiales del año, por los paisajes… y por lo que removió por dentro.
- A Coruña (diciembre), cerrando el año con mar y conversaciones largas.
- Disney (diciembre), que merece un párrafo propio.
Porque sí: en Disney me monté en una montaña rusa por primera vez.
Puede parecer una tontería, pero no lo fue. Fue enfrentar miedo, soltar control, confiar, gritar, reír y bajarme pensando: “vale, esto también puedo hacerlo”. A veces los logros vienen disfrazados de algo pequeño… y no lo son.




















Un coche nuevo, una sensación de avance
Este año también llegó algo muy tangible: me compré un coche nuevo, un Kia Sportage.
No es solo un coche. Es independencia, comodidad, sensación de avance. Es cerrar etapas y abrir otras. Es decirte a ti misma: “me lo he ganado”. A veces también hay que celebrar los logros materiales sin culpa. Forman parte del camino.
Volver a estudiar (otra vez) y no rendirse
Como si no tuviera suficiente, este año empecé un máster en Innovación y Transformación Digital en la UOC.
Solo dos asignaturas, sí. Pero dos asignaturas que han exigido tiempo, foco, energía mental. Compaginar trabajo, asociación, vida personal y estudios no es fácil. Y, aun así, estoy en camino de aprobarlas.
No ha sido un año de sprint académico, ha sido un año de resistencia. De demostrarme que sigo teniendo curiosidad, disciplina y ganas de aprender. Y eso, para mí, es un logro enorme.
Un logro que tocó muy de cerca: celebrar a los amigos
Este año también viví algo que me hizo especial ilusión: ir por primera vez a la presentación de un libro, y además de alguien muy cercano. Estar allí, acompañando a mi amigo Juanma, celebrando la salida del libro de ciencias del comportamiento, fue uno de esos momentos que te recuerdan la importancia de las personas que caminan contigo.
No era solo una presentación; era ver materializado un proceso, horas de trabajo, pensamiento y pasión convertidos en páginas. Compartir ese espacio, escucharle, sentir el orgullo ajeno como propio y formar parte de ese hito fue un logro silencioso, pero profundamente significativo. De los que no salen en currículums, pero sí se quedan.



El proyecto secreto con Domingo
Hay cosas que todavía no se pueden contar del todo. Este año he estado involucrada en un proyecto secreto con Domingo. De esos que se cocinan despacio, con cariño, con respeto y con muchas horas detrás.
Todavía no puedo decir más, pero sí puedo decir esto: me ilusiona. Y no todas las personas tienen algo así en su año. Tener un proyecto que te hace mirar al futuro con una sonrisa ya es, en sí mismo, un logro.
Una experiencia inesperada: el Metropolitano
Otro momento que no estaba en ningún plan: ir por primera vez al Metropolitano, a un palco VIP, gracias a Domingo.
Más allá del sitio, del estadio o del evento, lo importante fue la experiencia. Vivir algo nuevo, distinto, inesperado. Salir de la rutina y decir “esto también forma parte de mi vida ahora”.



Personas: nuevos amigos, nuevos lugares
Este año también ha traído nuevas personas. Nuevos amigos. Nuevas conversaciones. Y algo que parece pequeño pero no lo es: un nuevo bar de confianza.
Ese lugar donde te conocen, donde te sientes cómoda, donde el tiempo baja una marcha. A veces los grandes cambios no vienen con titulares, vienen con rutinas nuevas que te hacen sentir en casa.



Un logro silencioso, pero constante: escribir y sostener
Y casi sin darme cuenta, este año también he cerrado algo importante: este post es el número 460 del blog.
Ocho años escribiendo. Ocho años de ideas, dudas, aprendizajes, dibujos, reflexiones, pruebas, borradores y textos que han ido creciendo conmigo. No todos los posts han tenido el mismo impacto, ni todos han sido leídos igual, pero todos han sido parte del camino.
Escribir de forma sostenida durante tanto tiempo no es cuestión de inspiración; es cuestión de compromiso, curiosidad y ganas de seguir pensando en voz alta. Este post no es solo una retrospectiva del año, es también una pequeña celebración de constancia, de proceso y de haber seguido aquí, escribiendo, incluso cuando no había certezas claras.
Un logro compartido: crecer juntos
Este año también suma algo que no siempre se dice en voz alta, pero que para mí es enorme: 8 años con mi pareja y 7 años viviendo juntos. No es un logro que se mida en hitos visibles ni en fotos perfectas, sino en el día a día compartido, en las conversaciones difíciles, en las rutinas que se construyen, en aprender a convivir con los cambios del otro y con los propios. Ocho años son tiempo, pero sobre todo son decisión. Y mirar atrás y ver todo lo vivido juntos, lo bueno y lo no tan fácil, es uno de esos logros que dan calma, raíces y perspectiva.
Un logro que también late en cuatro patas
En julio también celebramos algo muy especial: Simba, mi perrito, cumplió 2 años… y ahora ya tiene dos años y medio. Puede parecer un detalle pequeño, pero quien convive con un animal sabe que no lo es. Simba ha crecido conmigo este año: en rutinas, en viajes, en momentos buenos y en otros no tanto. Verle sano, feliz y formando parte de nuestra vida es uno de esos logros cotidianos que no se anuncian, pero que llenan casa y corazón. Porque cuidar también es un logro, y compartir la vida con alguien —aunque tenga cuatro patas— enseña más de lo que parece.



Lo que no ha sido un logro (y también cuenta)
No todo han sido buenas noticias. Ha habido novedades en mi enfermedad y no han sido buenas. No es un logro, no es algo que celebrar, pero forma parte del año. Y omitirlo sería mentirme.
No todo lo que se vive se convierte en victoria. Pero incluso aquí hay algo importante: seguir, adaptarse, convivir con la incertidumbre. A veces el logro no es mejorar, es no rendirse.
Mirando a 2026: el vision board
No cierro esta retrospectiva sin mirar hacia delante. Para 2026 hay deseos claros, visuales, casi palpables:
- Viajar en camper, más libertad, más naturaleza.
- Avanzar en el máster, sin prisa, pero sin pausa.
- Ir a un concierto de Hans Zimmer, porque la emoción también se escucha.
- Finalizar el proyecto secreto con Domingo
- Un Mac nuevo, herramienta, regalo y símbolo de continuidad creativa.
- Quién sabe si empezar la traducción de mi libro con Iratxe 😀
No son metas impuestas. Son sueños elegidos.
Cierre: reconocer para seguir
Esta retrospectiva no es un ejercicio de ego. Es un ejercicio de reconocimiento. De parar y decir: “esto lo he vivido, esto lo he sostenido, esto lo he conseguido”.
Porque si no nos reconocemos los pasos dados, el camino se hace injustamente pesado.
2025 no ha sido perfecto. Pero ha sido profundo, movido, valiente y real.
Y con eso, ya es un gran año.
¡Feliz miércoles y feliz año
