“El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos.”
Michael Jordan
A veces la vida te pone delante retos que no esperabas. Otros directamente te lanzan a un escenario nuevo, sin guion, sin manual y sin tiempo para ensayar. Esto no es la CAS ha sido exactamente eso: una prueba de adaptación, de valentía y de piel fina… pero también de corazón, de comunidad y de propósito.
Hoy escribo desde la resaca emocional de un evento que, sinceramente, todavía estoy procesando. Porque han sido meses muy duros, meses de repensar, rearmar, recortar, pivotar… y seguir adelante cuando lo más fácil habría sido bajar los brazos. Pasamos de una CAS enorme en Kinépolis a una no CAS que, aun siendo más pequeña, tenía una misión gigante: ser real, inclusiva, accesible y profundamente humana.
Y mira… lo conseguimos.
Nervios, ganas y un par de latidos extra
Yo llegué al evento con una mezcla rara: ilusión brutal y el estómago en modo montaña rusa. Pero algo dentro me decía que esta vez iba a ser diferente. No solo porque presentaba a dos personas que significan mucho para mí —Domingo y Juanma— sino porque me estaba exponiendo a una versión mía que normalmente escondo: la María que hace cosas fuera de su zona de confort.
Presentar no es mi terreno natural. Estar en foco no es donde yo vibro más. Pero lo hice… y creo que salió bien. De hecho, el feedback ha sido sorprendentemente positivo. Me cuesta decirlo sin sentir pudor, pero también merece ser reconocido: crecí. Crecí como profesional, como parte del equipo y como persona.
Inclusión y diversidad, no como palabra… sino como acción
Uno de los objetivos que nos marcamos era claro: que esto fuera un evento realmente inclusivo. Sin postureo, sin “esto queda bonito”. Inclusivo de verdad.
Y lo fue.
Hubo diversidad de perfiles, de voces y de miradas. Hubo sensibilidad para cuidar a todo el mundo, para asegurar que quien viniera pudiera disfrutar, aprender, sentirse parte. Y este año dimos un paso enorme: streaming + traducción simultánea, algo que nunca habíamos hecho.
¿Aprendizaje? Sí. Varios.
Por ejemplo, descubrimos rápidamente que el texto de la traducción se lee mejor arriba que abajo, porque spoiler: los ponentes tapan el texto si está abajo. Cosas que solo se aprenden haciéndolas. Cosas que te recuerdan por qué experimentar es esencial en cualquier comunidad ágil.
Jon Kern nos mencionó… y todavía me tiembla algo por dentro
En un momento de su charla, Jon Kern, sí, ese Jon Kern, nos mencionó como ejemplo vivo de agilidad: “ellas son la prueba de que adaptarse es posible”. Yo lo escuché, entre líneas, entre la historia de un evento que no se rindió. Y no sé describir muy bien la mezcla de orgullo, sorpresa y emoción que sentí.
Ese gesto, viniendo de una de las personas que escribió el Manifiesto Ágil, significó muchísimo. Fue como recibir un pequeño “lo estáis haciendo bien”. Y después de tantos meses complejos… uff. Entró muy dentro.
Un equipo de cuatro… que funcionó como si fuéramos veinte
Este punto necesito decirlo despacio: somos un equipo pequeño, muy pequeño… pero con un corazón enorme.
Cuatro personas. Cuatro.
Y aun así, la coordinación fluyó sola. Nos autogestionamos casi sin hablar, cada una haciendo su parte, confiando, sosteniendo, empujando. No hubo dramas. No hubo choques. No hubo “yo no llego”. Fue una especie de sinfonía improvisada que salió increíblemente bien.
Me siento orgullosa de cada una de mis compañeras, Iratxe, Adri y Carla. Orgullosa del compromiso, de la resistencia, de la generosidad de tiempo y energía. Y también de esa capacidad de mirar hacia delante incluso cuando a veces no teníamos muy claro cómo iba a quedar todo.
Ese tipo de equipos no se encuentran todos los días.
Hice mi primer(os) podcast (sí, yo)
Otra cosa inesperada: hice varios podcasts. Cero experiencias. Cero preparaciones. Cero confianzas iniciales.
Y aun así… salió. Y salió bien. Fue una experiencia fresca, curiosa, divertida, fuera de molde. De esas cosas que dices “jamás me habría atrevido a hacer esto en otro contexto”. Pero esta no CAS era el lugar perfecto para explorar.
Conectar con personas que ya estaban… pero no estaban
Otra magia inesperada: conecté de verdad con gente que llevaba años viendo, pero con quienes nunca había hablado en profundidad. Pasó algo curioso: al ser un evento más pequeño y más íntimo, se abrió espacio para conversaciones diferentes. Más personales, más profundas, más auténticas.
Y también conocí a otras nuevas, con historias súper interesantes y una energía que te recarga. Este factor humano ha sido de lo más bonito de toda esta experiencia.
Charlas brillantes. Comida rica (¡no pasamos hambre!). Y feedback real
Las charlas fueron un lujo. Diversas, de nivel, humanas, técnicas, inspiradoras. El tipo de contenido que te hace pensar, que te mueve cosas por dentro.
La comida… bueno, ya sabéis que era una obsesión: que nadie pasara hambre. Se consiguió. Punto para nosotras.
Y el feedback general ha sido muy bueno. Incluso con las cosas que mejorar, que siempre las hay, la sensación que se ha quedado en el aire es de haber construido algo de verdad.
Y después de tanto… emoción pura
Cuando terminó todo y me quedé un ratito en silencio, sentí algo muy bonito:
orgullo, alivio, cansancio del bueno y una emoción enorme.
Lo dimos todo.
Nos adaptamos a lo imposible.
Sostuvimos la incertidumbre durante meses.
Tuvimos que renunciar a la CAS que soñábamos… pero abrazamos una no CAS que nos ha enseñado muchísimo.
Y el resultado ha sido un eventazo.
Un evento valiente.
Cercano.
Honesto.
Inclusivo.
Flexible.
Memorable.
Hoy estoy orgullosa. Mucho. Del equipo, de la comunidad y también, por qué no decirlo, de mí misma. A veces no nos damos crédito, pero esta vez me lo doy: lo hicimos, lo hice, lo hicimos juntas.
Y si algo me llevo es esto: cuando algo nace desde la intención correcta, desde la colaboración honesta y desde el corazón… sale bien. Puede no ser perfecto, pero sale bien.
Gracias a quienes vinisteis.
A quienes hablasteis.
A quienes apoyasteis.
A quienes visteis el esfuerzo y lo reconocisteis.
A quienes confiasteis en nosotras cuando ni nosotras mismas veíamos del todo claro el rumbo.
Esto no es la CAS… pero ha sido uno de los viajes más ágiles, humanos y poderosos que he vivido.
Y no lo voy a olvidar.
Terminando…
Si algo he aprendido con Esto no es la CAS es que la agilidad no se demuestra en los discursos… se demuestra cuando todo se tambalea y aun así encuentras la forma de seguir avanzando. Este evento ha sido la prueba viviente de que, con un propósito claro, un equipo comprometido y una comunidad que sostiene, se puede transformar un “no” en una oportunidad enorme.
Nosotras elegimos no rendirnos.
Elegimos adaptarnos.
Elegimos construir algo que nos representara de verdad.
Y hoy, visto con perspectiva, sé que valió la pena cada duda, cada giro y cada desvelo. Porque lo que creamos juntos fue auténtico. Fue valiente. Fue profundo. Y, sobre todo, fue comunidad.
Esto no era la CAS… pero fue exactamente lo que tenía que ser.
Y lo mejor es que, desde aquí, solo podemos crecer.
¡Feliz miércoles!
